Proyecto Hojas Jaboncillo continua las investigaciones y pone en valor la excavación arqueológica

Segunda etapa de excavaciones en el Proyecto Hojas Jaboncillo
Segunda etapa de excavaciones en el Proyecto Hojas Jaboncillo

El Proyecto Arqueológico Hojas Jaboncillo, ejecutado por el Centro Cívico Ciudad Alfaro, retomó las investigaciones arqueológicas concernientes al año 2016, el pasado mes de julio. Desde entonces, los arqueólogos Oswaldo Tobar y Juan Jijón trabajan en dos áreas de la denominada Zona de Producción Textil y Sillas. Se trata de la segunda parte de las excavaciones, en las que también intervienen los arqueólogos Stefan Bohórquez, Marcos Suárez, Marcos Vargas y César Veintimilla.

Vasijas enteras y restos fáunicos,

Vasijas enteras y restos fáunicos, son los últimos hallazgos de la ciudad de los cerros
son los últimos hallazgos de la ciudad de los cerros.

El arqueólogo Juan Jijón desarrolla la puesta en valor de la excavación arqueológica, con el propósito de proporcionar al visitante —en el Museo de Sitio— una mejor comprensión de las investigaciones científicas en este campo.

La puesta en valor de este espacio, en la Zona de Producción Textil y Sillas fue pensada con el objetivo de dar a conocer a los turistas los aspectos más relevantes de una excavación arqueológica; el turista tiene la oportunidad de conocer los detalles de una investigación, por lo que esta puesta en valor tiene en cuenta de manera especial la estética de una excavación.

En esta área, según Juan Jijón, existe la hipótesis de que el mismo espacio haya tenido un doble uso. Uno inicial dedicado a la cocción y un segundo dedicado a la textilería; ambos en diferentes temporalidad. Sin embargo, estas dos posibilidades están sujetas a los avances de las investigaciones.

Los primeros hallazgos interesantes que permiten determinar el uso fueron: “un tortero, lascas de obsidiana, sellos manteños y restos de algo que podría ser cal o tiza”. Estas primeras evidencias arqueológicas permitieron establecer la posibilidad de que este espacio fuera un lugar dedicado a tareas textiles.

El segundo gran hallazgo fue un “piso” considerado de bareque. Un gesto antrópico de haber enlucido el suelo y haberlo quemado para obtener un sellado del suelo por diferentes razones. Según el arqueólogo Juan Jijón, este hecho es el primero en el cerro Jaboncillo. Se encontró una vasija completa de 72 centímetros de diámetro; y a proximidad otras tres vasijas presumiblemente sin fracturas.

Queda por excavar y extraer las piezas en su totalidad para poder decir con más certeza el uso de este espacio concreto del cerro. Sobre todo porque junto a las vasijas se ha encontrado una mandíbula posiblemente de un venado.

Se determina a la vasija como tal porque está hecha de cerámica; aunque queda por establecer en detalle si se trata de un horno o un cuenco destinado al agua. En el laboratorio se podrá saber con exactitud su funcionalidad dependiendo del sedimento que guarde en su interior. La idea previa es que se trata de un horno, debido a los restos quemados que se han encontrado en el exterior.

Juan Jijón argumenta que uno de los puntos que queda por analizar en esta estructura son: ¿por qué las vasijas están enteras y alineadas? y ¿a qué patrón de posición responden?

La excavación hasta el momento ha arrojado esta información valiosa, pero la construcción del discurso dependerá de las investigaciones futuras. Restan algunas aristas de la excavación pendientes, planteadas para completarse a lo largo de las próximas semanas. Una de ellas, es el análisis estratigráfico al costado de las vasijas. La excavación podrá determinar los tipos de estratos y por ende el momento en el que fue ocupado el espacio.

Por otra parte, el arqueólogo Oswaldo Tobar, se encuentra excavando en el nivel alto de la Zona de Producción Textil y Sillas, en la cual se han encontrado tres basurales y un horno. Desde el 2012 se inició la excavación y en este año se abrieron dos unidades más para completar la información de los basurales.

El hallazgo importante en este caso radica en la posición alineada de los basurales junto a un horno, las cuatro estructuras se encuentran en un perímetro de aproximadamente 4 metros cuadrados. Se presume que estos basurales fueron utilizados para desechar únicamente restos líticos, debido a la presencia de piedras y a la ausencia de restos de alimentos.

El arqueólogo Oswaldo Tobar, en el Proyecto Hojas Jaboncillo, ha realizado prospecciones alrededor del cerro para establecer asociaciones de otras zonas arqueológicas con respecto al asentamiento en el cerro, tales como las ciudades manteñas de Salango, Agua Blanca, entre otras.

Las investigaciones arqueológicas en el cerro Hojas Jaboncillo —que comprenden 57 hectáreas, de las 3.500 hectáreas declaradas Patrimonio Cultural y Natural de los ecuatorianos, en el 2009— son de larga data, hasta el momento se ha podido extraer información relevante para determinar algunas zonas de uso y asentamiento manteño. Sin embargo, es menester continuar con la labor científica con el propósito de actualizar y enriquecer la historia de nuestros pueblos originarios.

Uno de los aspectos más significativos alrededor de la Cultura Manteña es la Diosa Umiña. Según Cieza de León, en el libro “Arqueología y etnohistoria del señorío de Cancebí en Manabí Central” —escrito por el arqueólogo Jorge Marcos y la historiadora Tatiana Hidrovo— hace la siguiente relato:

“[…] el señor de Manta tiene o tenía una piedra de esmeralda, de mucha grandeza y muy rica, la cual tuvieron y poseyeron sus antecesores por muy venerada y estimada, y algunos días la ponían en público, y la adoraban y reverenciaban como si estuviera en ella encerrada alguna deidad. Y como algún indio o india estuviese malo, después de haber hecho sus sacrificios iban a hacer oración a la piedra, haciendo entender el sacerdote que habla con el demonio que venía la salud mediante aquellas ofrendas […]”.

Cieza de León y Garcilaso de la Vega definen la sexualidad de la deidad apodándola como Diosa, pero ninguno de los dos enuncia su nombre. Umiña es una palabra que aparece registrada en la Coronica del buen gobierno del indio Guamán Poma de Ayala, escrita probablemente a fines del siglo XVI.

La veneración de esta deidad estuvo relacionada con el sistema político del área central. Poseer esmeraldas otorgaba poder, porque ellas eran un bien utilizado para rituales votivos con los cuales se pretendía conseguir milagros curativos, en la creencia de que la deidad sanaría a quienes les entregaban a sus hijas, es decir, esmeraldas más pequeñas. La piedra era guardada en un templo y sacada ocasionalmente en público. Los españoles encuentran gran cantidad de estas piedras preciosas en Coaque y Jipijapa, y en general en toda la zona de Puerto Viejo, pero nunca localizaron minas, puesto que las más próximas estaban en el área de la actual república de Colombia. Los conquistadores encuentran una balsa que venía del norte trayendo esas piedras.

El Proyecto Hojas Jaboncillo, a través del Centro Cívico Ciudad Alfaro, realiza investigaciones arqueológicas con el propósito de proteger el Patrimonio Cultural de los ecuatorianos desde el 2010. En la actualidad más de 50 informes científicos se han registrado y desde el Museo de Sitio los visitantes pueden tener un contacto directo con lo que fue una de las principales culturales ancestrales de esta zona.


 

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